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Miércoles, 16 Diciembre 2020 09:55

EDITORIAL DEL MES: Diciembre de 2020

Planes de acción para el futuro

Hace muy poco, la Comisión Europea ha puesto en circulación un documento con el plan de acción para el apoyo a la recuperación y la transformación del sector de los medios de comunicación en la década digital. Si nos fijamos, de aquí podemos concluir varias cosas: En primer lugar y obviamente, nos tendremos que recuperar de una crisis que tiene varias capas, la del Covid-19 siendo la más gruesa, que a su vez actúa de aceleradora de tendencias que se nos hubieran venido encima de todos modos, aunque con menos rapidez. Por otra parte, se habla de la transformación, y esto implica que todos tendremos que adaptarnos si no queremos quedarnos fuera de juego, anticuados, obsoletos y/o incompetentes. Estas ya son palabras mayores, pero quizás más nos vale creérnoslo en vez de acabar viviendo en la negación eterna. Por último, se hace hincapié en la digitalización, que lleva ya tiempo acelerándose, un proceso que todavía no ha llegado a su final, ni mucho menos.

En la introducción del documento hay un gráfico que nos ofrece una visión panorámica del sector de los medios y del audiovisual, indicando el valor económico del conjunto, que es notable. A continuación, se hace un análisis de los varios desafíos a los que nos estamos enfrentando, siendo la fragmentación del mercado el más grande. De ahí, la recomendación explícita de que las empresas europeas deberían de considerar Europa en su conjunto como su mercado natural, en vez de seguir enfocadas en sus mercados nacionales y regionales. Lo que hasta aquí suena más o menos amable, y que podría ser incluso un reflejo de algunos de los mantras del propio subprograma MEDIA de Europa Creativa, adquiere un carácter más inquietante cuando se habla también del sentido de la urgencia, y de lo que está en juego, que es ni más ni menos que la supervivencia de un sector económico enorme, la salvación de la diversidad cultural y la calidad de los medios de comunicación -versus la desinformación de la población europea-. Llegados a este punto, uno no puede más que agradecer a la Comisión Europea el haber articulado un decálogo de medidas a tomar. Es más, queda patente la voluntad de los países europeos de librar todo tipo de mecanismos, fondos, instrumentos de apoyo, y un largo etcétera, con el fin de mandar refuerzos a un campo de batalla que se nos abre a lo largo y ancho del horizonte.

Nadie va a poder escaparse de la batalla. Estamos y estaremos en ella durante largos años. Lo que ha pasado en 2020 ha sido solamente el principio. O, mejor dicho, el principio fue hace tiempo, y lo que pasó este año nos ha sacudido a todos, de tal modo que ya no debería de haber nadie que no haya despertado del dulce sueño de pensar que todavía nos encontramos en los años noventa, cuando los modelos de negocio todavía daban buenos frutos. Los mismos modelos de negocio, que ciertamente muchos de nosotros seguimos empleando, a pesar de los cambios que hubo y que ahora nos pasan por encima, dejando un panorama lleno de desolación y dolor.

Perdonarme que me ponga tan dramático, pero acabo de leer que uno de nuestros clientes más solventes, por así decirlo, tendrá que cerrar su oficina en Madrid, para a partir de ahora dirigir todas sus operaciones en España desde la sede principal que tiene en otra comunidad. Es una triste noticia. Desde MEDIA seguimos diciendo que las empresas deberían de poder crecer, y en consecuencia abrir delegaciones en otros lugares. Si miro a mi alrededor, veo muchas otras señales de repliegue y a otras empresas que se ven obligadas a redimensionarse, a hacer un ERTE, o en el peor de los casos, a cerrar. Lo del sentido de urgencia adquiere importancia, en la medida que veamos como todos estos cambios afectan en nuestro alrededor de forma negativa a compañeros, amigos y colaboradores.

Hace dos años leí en un análisis de un muy respetable investigador un comentario que nunca olvidaré. Cuando hablaba del conjunto de las ayudas públicas en el sector audiovisual europeo, citaba a otro investigador de prestigio que decía que, si no se produjeran una serie de cambios, todas estas instituciones con sus subvenciones se convertirán en lo más parecido a “la UCI de los moribundos”. Más textualmente, decía que “en el entorno neoliberal, en el cual el cine europeo lucha por su existencia, las ayudas son la única esperanza para la creación de una base industrial sostenible que logra retener y nutrir el talento europeo. No conseguiremos que esto ocurra a base de prácticas de coproducciones artesanales que se mantienen con vida mediante subvenciones gubernamentales, directivas europeas y dinero barato para coproducciones televisivas… articuladas por motivos electorales más que otra cosa, logrando, como mucho, llevar nuestros contenidos europeos solamente a un público de festivales, cinéfilos leales y estudiantes de la universidad”. El mismo autor de la terrible cita logró, al menos, apuntar en una dirección que nos podría salvar de semejante derrota, y era la recomendación de inspirarnos en modelos de negocio algo más ambiciosos, con visiones más internacionales. Concretamente, el análisis del primer investigador nombró como ejemplo a la empresa francesa StudioCanal, cuya sede principal está en Paris. StudioCanal es una empresa razonablemente bien posicionada hoy en día, con delegaciones en al menos catorce países, entre ellos España, a través de participaciones en empresas locales de producción independiente. El historial de la compañía, desde que se fundó, pasó por varias crisis, y hoy se encuentra en un momento bastante interesante. Se puede considerar un caso de estudio que se lee como un manual de cómo hacer crecer una empresa europea, apuntando también a los varios peligros que esto conlleva. Quien quiera consultar el libro, cuyo autor es Christopher Meir, un profesor americano que investiga actualmente en la Universidad Carlos III de Madrid, seguramente lo encontrará. Estuvimos presentando el libro en el Cine Doré de la Filmoteca Española hace como dos años, y quizás hasta hoy se haya traducido al castellano.

Volviendo al plan de acción del inicio de este editorial, veréis que muchas de las medidas que se van a poner en marcha tienen un carácter financiero, incluso va a haber una nueva línea de financiación para canalizar capital riesgo hacia nuestros sectores. Ya había reflexionado sobre la relevancia del capital riesgo en otra ocasión (editorial de octubre 2019 – leer aquí), subrayando la importancia de la creación de fondos mixtos, de capital riesgo institucional y privado. Ahora se acaba de anunciar que estos fondos se van a poner en marcha de forma gradual.

Yo no creo para nada que los fondos regionales y nacionales de los países miembros de la Unión Europea sean el suero que se reparta en la UCI, a la que todos estamos condenados a ir a parar. Sospecho que el que formuló esta idea pesimista, tampoco lo cree así, pero ha conseguido evocar con su metáfora una imagen que provoca un sentimiento de urgencia. Puede que la misma urgencia que ha llevado a ciertas autoridades en Bruselas a presentar un plan de acción que se irá concretizando e implantando desde ahora mismo.

Con todo esto, quiero celebrar que estemos ante un cambio histórico y que si logramos abrazarlo, evitará la quiebra de nuestra industria, la pérdida de diversidad cultural y la derrota generalizada ante los invasores extraeuropeos.

La solución se encuentra en una combinación estratégica adecuada de todos los medios que están a nuestro alcance. A muchos, los fondos públicos que tenemos les seguirán pareciendo pocos. Yo discrepo y prefiero pensar que es mejor tenerlos que no poder disponer de ellos. Son una excelente palanca para activar otro tipo de fondos, en este caso privados, accesibles a través de los mercados. Nadie está sugiriendo que deban de desaparecer las pequeñas empresas, ni las pequeñas producciones. En cierto modo, la fragmentación del mercado que tantas pequeñeces fomenta, es también la fuente de nuestra diversidad y riqueza cultural. Pero, si solamente algunas/os sabéis aprovechar estas nuevas oportunidades, esto provocará efectos positivos que se irán notando más ampliamente, más allá del beneficio individual. Otros se sentirán animados para seguir vuestro camino. Y, poco a poco, el balance entre la demanda y la oferta de contenidos audiovisuales a nivel europeo se irá equilibrando, transformando y fortaleciendo en estructuras que lo sostengan todo. Para ello, la profesionalización, la internacionalización y la buena gestión de las empresas son algunos de los primeros objetivos a fijar.

Recuerdo que en el nuevo programa MEDIA que arrancará en 2021 los tres pilares bajo los cuales agruparemos nuestras actividades y ayudas son: Creación, Negocio y Audiencias. Vamos en esta dirección. También nosotros vamos a tener que cambiar un poco nuestra labor, aunque esencialmente seguirá siendo la misma, la de ayudaros en el camino, y la de defender los valores que todos compartimos. Somos libres y podemos contar las historias que queremos. Hay un público para ellas. Aprenderemos a establecer las conexiones necesarias. Hagamos nuestros planes para el futuro y, por qué no, compartámoslos con la oficina MEDIA más cercana.

Os deseo de todo corazón felices fiestas y lo mejor para 2021.

Peter Andermatt

Director Oficina MEDIA España

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